Querido viajero,

Querido viajero,

Tengo tanto que contarte y me frustra olvidarlo, que no lo veas, que no tengas mi misma cara de sorpresa con la majestuosidad de colores, aromas y sabores.

Fueron bastante intensas las jornadas: clases en otras escuelas, entrevistas con profesionales, visitas largas en las ciudades con travesías, a veces, de 8 horas. He caminado muchísimo, hasta quince kilómetros diarios, a veces con lluvia, a veces con calor de cuarenta grados centígrados, a veces con mi némesis, el frío.

Cada día traté de aprender de toda la cultura que me brindaron de su hospitalidad, pues es demasiada la riqueza que nos muestran sus asentamientos, aunado a lo que nos muestra socialmente su gente. Es abrumador todo lo que se quiere aprender en un viaje: gastronomía (memorizar sabores, recordar recetas, aprender costumbres), lenguaje (acentos, canciones, tradiciones y costumbres), crear el mapa mental de dónde estoy, organizar mi economía en una moneda diferente (se gasta más de lo que se planea, recordando “una vez en la vida”), revisar los lugares que no me puedo perder (“tanto por conocer y tan poco tiempo”), lidiar con mis roomies (en algunas ocasiones he tenido que compartir la habitación con más de una persona), lidiar con riñas… Todo mientras hago las tareas y encargos.

Pero todo valió la pena.

Las grandes experiencias que los expertos me compartieron significan errores que no cometeré. Su sabiduría y conocimiento me lo llevo conmigo. Pero no es todo, también, ​me ha sido muy fructífero observar el desarrollo de clase de otros profesores en todas y cada una de las universidades que visité. Hay tanta diferencia con aquellos docentes  que he tenido. Un lenguaje diferente. Una técnica diferente. Una pasión diferente. Toda una inspiración.

Cada paraje en el camino es interesante y único. Los hermosos arrozales, líneas verdes y plateadas de campo por el brillo del sol en el agua; las vistas desde los miradores de todas las murallas son sacadas de una película: el color del mar y el reflejo en las rocas hacen un acuarela precioso; la fusión de elementos en la arquitectura de cada pared, llena de lugares por visitar y leyendas qué probar; ciudades llenas de vida, confeccionadas con miles de luces por la noche.

Querido viajero, tienes tanto que ver, escuchar y sentir: el silencio de la mezquita catedral de Córdoba, la belleza arquitectónica de Notre Dame de París, visitar StreetXO para degustar de las comidas más modernas en compañía de un amigo, sufrir insomnio mientras viajas en tren de Tánger a Marrakech, pasear por el mercado de San Miguel para dejarme guiar por un exquisito gourmet en la más pura gastronomía madrileña, el viento frío de la torre Eiffel por la noche cobijado sólo por las miles de luces bajo ella, comer mejillones en Brusselas cerca de la Plaza Grande, ​sentir el aroma de cientos de flores diferentes en el jardín Majorelle o de cientos de hierbas y especias en el mercado judío de las especias en Marruecos, escuchar las tunas (trovadores) fuera de la catedral celebrando a los recién casados con la melodía “viva España”, disfrutar la crème brûlée de Los Dos Molinos a escasos kilómetros del Sagrado Corazón, la tradición fallera de Valencia relacionada con las esculturas que se hacen de madera y papel para las fiestas de marzo y que se queman simbolizando la despedida de lo viejo, el mirador de San Nicolás ambientado con sus guitarras callejeras, comer crepas de mantequilla de azúcar o salmón en la calle, observar el tableado flamenco en Córdoba, donde he aprendido más sobre el baile y me he enamorado de su dinámica, pues en su forma pura y sus fusiones (como tango flamenco, por ejemplo) se observa la sensualidad, energía y osadía del cordobés golpe a golpe de tacón. Todas experiencias inolvidables. Todas sensaciones de las que jamás me quisiera separar…

Querido viajero, no olvides de escaparte a conocer lo que tu corazón necesite. En cada lugar sentí algo particularmente profundo. Miré hacia atrás. Sentí cómo todo me dejó algo. Sentí una pasión muy grande por la cultura, por conocerla, por dejar que mi piel se erice por las mismas minucias que a cada persona le causa su comida, sus canciones, sus bromas, sus juegos. Sentí una gran necesidad de seguir viajando; de esforzarme por darme el placer de conocer más y más. En cada paso me enamoré de viajar. Tengo ganas de que sientas lo mismo de ese instante efímero en el espíritu. ¿Tú Quieres viajar?

Foto Carlos M. Vélez Villar

Carlos M. Vélez Villar

Acerca del autor Ver todas las publicaciones

Noemí Kú

Soy una persona que ama y está comprometida con su trabajo, aprender de los demás y de la vida cada día es significativo en mi vida. Soy una mamá primeriza que disfruta de la vida y de su trabajo y que continuamente me sigo preparando.

Comentar

Tu correo no será público